Viaje Baden-Wurtemberg

Cuna del motor

Fiel al glamour que la hizo famosa en el siglo pasado, la región renueva su oferta turística con una variada gastronomía, concurridos mercadillos de adviento y modernos spas que nada tienen que ver con los balnearios de antaño.

Foto: Alfredo G. Reyes
Foto: Alfredo G. Reyes

Por Alfredo G. Reyes

Publicación Revista: 01/10/2020

Publicación Web: 01/10/2020

La región de Baden-Wurtemberg se sale bastante de los estereotipos culinarios tan extendidos sobre Alemania. Un país donde, según el imaginario de algunos, solo se comen salchichas, patatas, coles y arenques en sus más diversas presentaciones. Con no ser cierta la generalización a nivel estatal, desde luego en esta región, una de las dos sureñas del país teutón (la otra es Baviera), lo es mucho menos: las cartas de sus restaurantes están más que abiertas a las influencias de todo tipo de cocinas internacionales y técnicas culinarias. Favorece el hecho de tener una climatología algo más benévola que las regiones norteñas. Y eso supone que aquí se cultiven ciertas hortalizas y verduras y hasta algún frutal, vides incluidas.

La cuna de Mercedes

En Baden-Wurtemberg brilla con especial fuerza, y no solo en el capítulo gastronómico, su capital administrativa: Stuttgart. Sede de las prestigiosas marcas automovilísticas Mercedes y Porsche (los amantes del motor no deberían perderse, bajo ningún concepto, los museos dedicados a cada una de ellas), ésta es una poderosa y rica ciudad donde la nueva arquitectura está encontrando un buen campo de experimentación tanto en lo público como en la sede de empresas industriales, tecnológicas y financieras. Buen ejemplo de las obras públicas es la renovación y ampliación de la estación central y su característica torre del reloj (sobre la que luce el logotipo móvil de Mercedes) que, para muchos, sigue marcando el ritmo de la ciudad. Stuttgart tiene, además, un corazón antiguo, un entramado de calles, plazuelas, palacios y jardines que, a veces, se reflejan en las fachadas de cristal de los nuevos edificios. Buen ejemplo es la Plaza del Palacio (Schlossplatz), presidida por el complejo de estilo barroco tardío que fue residencia de los soberanos de Wurtemberg.

Raviolis contra el frío

En otra de las plazas de la ciudad vieja, la Charlottenplatz, está el principal mercado gastronómico de Stuttgart: Markthalle. Un bonito edificio de estilo post-industrial en el que se pueden adquirir y degustar las mejores delicias de la región y también de las zonas más remotas del planeta. Es el sitio idóneo para acercarse a la cocina típica local, con preparaciones sencillas, pero tan contundentes como los maultaschen, especie de raviolis rellenos de carne, espinacas y otras verduras, que se sirven en un caldo de carne y que resultan absolutamente reconfortantes durante los húmedos días de otoño-invierno. Uno de lo sitios donde probarlos es el restaurante Weinstube Fröhlich, con agradables comedores de maderas e iluminación cálida, donde las mesas se comparten con otros clientes tan ávidos de intercambio que, al final, la pitanza se con-ierte en una experiencia inesperada y gratificante, más allá de lo gastronómico. Para acompañar los platos de este restaurante se impone probar alguna de las etiquetas de vinos locales o (incluso mejor de precio) de la no tan lejana Francia.

Hasta donde llega la vista

Quien quiera comprender algo más de esta ciudad y de su región merece la pena que se acerque hasta la Torre de la Televisión (Stuttgarter Fernsehtuhrm), situada en la arbolada colina de Hoher Bopser. Desde el mirador-restaurante, de la que está consi-derada como la primera torre de comuni¬caciones de hormigón del mundo (data de 1956), se divisa una soberbia panorámica de las dos Stuttgart, la vieja y la nueva, de los bosques que la rodean y de buena parte de las ciudades que conforman su cinturón metropolitano. En una de ellas, Luisburgo (Ludwigsburg), está el otro gran palacio real de los Wurtemberg, donde la corte vivió por temporadas desde principios del siglo XVIII. Un gran complejo barroco de enormes dimensiones, a cuyo alrededor ha crecido una bonita ciudad hoy habitada por muchos de aquellos que, aun trabajando en Stuttgart, prefieren una vida tranquila.

Mercados de Adviento

La plaza principal de Luisburgo se transforma a finales de otoño en un encantador mercado de Adviento, sitio ideal donde adquirir todo tipo de adornos de Navidad pero, sobre todo, para degustar una currywurst (salchicha de cerdo troceada, muy especiada, y servida con una generosa ración de patatas fritas), bañada con cerveza (claro) o, mejor, con glühwein, es decir, el vino caliente con canela, miel y otras especias y hierbas aromáticas típico de la región. Otra localidad de visita más que recomendable es Esslingen, su casco histórico de origen medieval sobrevivió a los bombardeos de la aviación aliada durante la II Guerra Mundial: altas iglesias, grandes casonas medievales y sus muchas plazas donde hoy, como antaño, se siguen celebrando mercados. El más espectacular es, una vez más, el de Adviento, con una parte iluminada sólo con velas y antorchas donde los comerciantes se visten al más puro estilo medieval, y se celebran todo tipo de números circenses, representaciones teatrales y musicales.

La mítica Baden-Baden

Más allá de Stuttgart y su cinturón metropolitano la región se extiende por enormes campos de cultivo, bonitas montañas y bosques regados por cursos fluviales como el del Oos. La principal gloria de este pequeño río, de apenas 25 kilómetros, es que divide en dos la magnífica ciudad balnearia de Baden-Baden, conocida, amada y frecuentada por buena parte de la nobleza de Europa desde principios del siglo XIX. Llegaban aquí atraídos por el glamour de su casino, y la tranquilidad de sus bosques pero, sobre todo, por los placeres y beneficios asociados a las aguas termales. El edificio que alberga el Casino es el más representativo de Baden-Baden, una construcción de líneas neoclásicas donde no solo se mueve el dinero del juego: ahora, en sus amplios y lujosísimos salones, se programan actuaciones y fiestas donde la etiqueta en el vestuario es absolutamente obligatoria.

Salute per aqua

En cuanto al elemento termal, ya era conocido y explorado durante la ocupación de los romanos: el culpable fue el emperador Marco Aurelio (o Caracalla) que, obsesionado por eso de la “salute per aqua” (spa), ordenó explorar este recurso natural e instalar termas a todo lo largo y ancho de su imperio. Hoy lleva su nombre un enorme y moderno complejo, Caracalla Spa. Pero quien quiera vivir una auténtica inmersión en las sensaciones que experimentaban aquellos nobles decimonónicos debe entrar en Friedrichsbad. Allí, se disfruta de los beneficios del agua a diferentes temperaturas, de los vapores, de los masajes y hasta de una reparadora siesta bajo una cúpula. Todo en un magnífico palacio expresamente creado para encontrar la salud y la relajación.

Féculas y brotes

Baden-Baden mantiene el gusto por la elegancia, el glamour y por el termalismo en muchos hoteles históricos. Incluso en varios de sus establecimientos más recientes como Brenners Park-Hotel Spa, inmerso en un agradable parque junto al río Oos. Este hotel alberga, además, un original y exitoso restaurante: Fritz & Felix. Un amplio local donde los diferentes espacios (barra y mesas adyacentes, comedor, terraza de invierno, cocina vista y terraza-jardín) apenas presentan separaciones y en donde triunfa una desenfadada cocina de temporada. Su carta, tan internacional y moderna como la clientela, introduce ingredientes muy de agradecer por estos lares (verduras diversas, féculas, brotes…). Y no sólo como acompañantes, a veces como ingredientes principales. Una cena en este restaurante es, desde luego, un buen broche de oro a este viaje por Baden-Wurtemberg y la mejor forma de demostrar que no solo de salchichas vive Alemania. ¡Ni mucho menos!